En memoria de Ernesto Rodríguez Fernández, fallecido en 2011, en el 50 aniversario de Mecanizados Rodríguez Fernández
Por Inmaculada Rodríguez
Gracias, don Ernesto
Tenemos la obligación moral de revertir en nuestra tierra el conocimiento adquirido en la emigración». Este era el compromiso personal que sentía Ernesto Rodríguez Fernández cuando, a principios de los años 90, dejó su vida en Madrid para volver a Ourense con el objetivo de impulsar la empresa familiar Mecanizados Rodríguez Fernández, que en 1966 habían creado sus hermanos José y Gonzalo, con el impulso de Ramón y el suyo propio. Se inició así una aventura de emprendimiento de verdad, de esas en la que uno lo arriesga todo, se entrega en cuerpo y alma y disfruta moldeando una empresa. Mecanizados Rodríguez Fernández llegó a crear 150 empleos en Ourense, 20 en su filial portuguesa y hasta 10 en su filial brasileña.
Don Ernesto, como le llamaban todos, hacía responsabilidad social corporativa mucho antes de que supiéramos qué era eso. Siempre decía: «No olvido que yo he sido obrero». Y, efectivamente, jamás olvidó su origen: el hambre y necesidad que pasó en su infancia y juventud en una aldea cerca de Os Peares, cuando tuvo que dejar la escuela para trabajar en la construcción del salto (como tantos ourensanos) y finalmente emigrar a Madrid buscando un oficio. Lo encontró como tornero. Regresó años después, como ingeniero tardío (se graduó a los 45 años: otro ejemplo de superación personal) y fue feliz diseñando «ferranchos para camiones», llevando tecnología ourensana por el mundo.
Pero llegó 2008 y le rompió el alma: fue el año que, por culpa de una crisis salvaje que todos sufrimos, hizo añicos casi todo lo trabajado previamente. ERE imprescindibles, endeudamiento en el que arriesgó todo lo que tenía y mucho dolor, tanto que enfermó y falleció el 2 de agosto de 2011, días antes de la presentación del concurso de acreedores.
Mecanizados Rodríguez Fernández sí sobrevivió a la crisis, y lo hizo con el apoyo de un fabuloso equipo que Don Ernesto creó, formado por personal alimentado con su ejemplo de integridad, compromiso con las personas y con la tierra. Ahora se celebran los 50 años de la creación de la empresa y quiero agradecer a todos los «gladiadores» de la posguerra tanto esfuerzo y generosidad, toda esa honestidad y capacidad de sacrificio. Ernesto Rodríguez Fernández es uno más de esos valientes a los que les debemos todo. Gracias.
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